Una noche de vino, amistad y sorpresas
El pasado lunes 8 de junio volvimos a reunirnos para disfrutar de una nueva cata de vinos a ciegas junto a amigos aficionados al vino y profesionales del sector. Una de esas veladas que nos recuerdan por qué nos apasiona tanto este mundo: compartir botellas, intercambiar opiniones y descubrir vinos sin la influencia de las etiquetas.
La dinámica fue tan sencilla como emocionante. Cada uno de los siete participantes acudió con una botella completamente tapada, sin ninguna pista sobre su origen, variedad o productor. El resto del grupo debía catar, analizar y tratar de identificar aquello que se escondía detrás de cada copa.
Las catas a ciegas tienen algo especial. Nos obligan a escuchar al vino sin prejuicios, a centrarnos únicamente en sus aromas, su textura y sus sensaciones. Y, como suele ocurrir, las sorpresas no tardaron en llegar.
Los vinos de la noche
La selección nos llevó por algunas de las regiones vinícolas más interesantes de Europa:
- La Tercera Viña 2024 (Xarel·lo, DO Penedès)
- 200 Monges 2011 (Viura y Malvasía, DOCa Rioja)
- La Cabane Ploussard (André-Jean et Héléana Morin, Jura)
- Poulprix 2024 (Anne et Jean-François Ganevat, Jura)
- L’Exclosa 2017 (Syrah, DOQ Priorat)
- Feedback 2012 (Cabernet Sauvignon y Trepat, DO Conca de Barberà)
- Overture 2023 (Espumoso de Módena, Italia)
Una alineación tan diversa como desafiante, donde convivieron vinos jóvenes y vinos con larga crianza, elaboraciones tradicionales y propuestas más alternativas.
El gran protagonista: Poulprix 2024 de Ganevat
Si hubo un vino que consiguió un consenso prácticamente unánime entre los participantes, fue el Poulprix 2024 de Anne y Jean-François Ganevat.
Ya durante la cata destacaba por su personalidad y equilibrio, pero una vez descubierta la botella su valoración todavía aumentó. No es ningún secreto que conseguir vinos de Ganevat no suele ser fácil y que cada una de sus elaboraciones despierta una enorme expectación entre los aficionados.
Fue uno de esos vinos que demuestran por qué el Jura se ha convertido en una de las regiones más fascinantes del panorama vinícola actual.
La sorpresa de la noche: un Ploussard lleno de energía
Otro de los vinos que más comentarios generó fue el La Cabane Ploussard.
Muchos de los asistentes quedaron sorprendidos por su perfil especiado y por ese carbónico sutil y juguetón que aparecía en la punta de la lengua, aportando frescura y dinamismo a cada sorbo.
Fue uno de esos vinos que invitan a seguir bebiendo y que recuerdan por qué las variedades tradicionales del Jura siguen conquistando a tantos aficionados en todo el mundo.
Cuando la experiencia marca la diferencia
Uno de los momentos más destacados de la noche llegó con el 200 Monges 2011.
Uno de los participantes consiguió identificar prácticamente al cien por cien el estilo del vino, reconociendo con gran precisión las características de la variedad Viura y la influencia de una larga crianza.
Una demostración de cómo la experiencia y el entrenamiento sensorial pueden llegar a detectar detalles que a menudo pasan desapercibidos para la mayoría de los catadores.
Los vinos que nos hicieron dudar
Como ocurre en toda buena cata a ciegas, algunos vinos fueron especialmente difíciles de interpretar.
El Xarel·lo del Penedès mostró una personalidad que nos llevó por caminos distintos y que pocos supieron asociar con claridad a la variedad.
El Feedback 2012, elaborado con Cabernet Sauvignon y Trepat, también consiguió descolocar a buena parte de la mesa. Su combinación varietal y su evolución en botella generaron numerosas hipótesis antes de descubrir su verdadera identidad.
Y para cerrar la noche apareció una botella que podríamos definir como un auténtico vino para iniciados: el Overture 2023, un espumoso de Módena con una personalidad muy particular que despertó opiniones diversas y enriqueció aún más el debate final.
Lo mejor de una cata a ciegas
Más allá de acertar o no variedades, regiones o elaboradores, la verdadera riqueza de estas catas reside en la conversación que se genera alrededor de cada botella.
Descubrir cómo perciben un mismo vino personas con experiencias distintas, contrastar opiniones y dejarse sorprender por estilos que quizá no elegiríamos habitualmente es una de las mejores formas de seguir aprendiendo y disfrutando del vino.
Y una vez más, esta cata nos recordó una gran verdad: cuando desaparecen las etiquetas, muchas veces aparecen las mayores sorpresas.


